domingo, 25 de junio de 2017

Coraje

   Hoy fui a hacerle fotos a una amiga y, paralelamente a nuestro trabajo, se ha dado lo que en un libro que terminé hace unos días Stephen King denomina como una cadena de sucesos. Es dicha cadena lo que quiero compartirles.
   Cuando ya habíamos terminado con los photoshoots y nos disponíamos a merendar tardíamente, ella recibió un mensaje que le hizo recordar un momento muy distante. Asique en lugar de poner a descargar las fotos,  nos pusimos a ver una cajita de recuerdos que ella sacó de lo más alto de un armario, en la que había desde un cacahuate con forma de pájaro que incluso tenía un hueco que parecía un ojo, hasta un pequeño ataúd construido de cartón (me sorprendí de ver también, entre esas cosas, unas cartas que yo le escribí para sus cumpleaños). Y allí, apareció un librito en miniatura, en tonos azules, cuya cubierta llevaba escrita la palabra "coraje". Fue un regalo de su abuela, según me dijo. Mi amiga tiene, cómo todos, sus propios monstruos bajo la cama. Y su abuela, en conocimiento de eso, tuvo el sencillo y bellísimo gesto de hacerle ese regalo hace unos años. Fue entonces cuando escuchamos el llanto de su hijo fuera de la casa: su padre lo había traído de vuelta luego de llevárselo a pasar el día. Ella salió a su encuentro. Yo me quedé recostada en su cama, con la cajita a un costado, leyendo el pequeño libro. En parte porque quería y en mayor medida para darles privacidad. Cada página llevaba escrita una frase relacionada con el coraje, y debajo el nombre de quién fuera su autor. Por momentos interesantes: Benedetti, Gandhi. Por momentos en que me sentía como si abrazara a alguien muy querido: Goethe, Whitman. Por momentos en los que sentía asomar una silenciosa mueca burlona: Coelho. Y entonces, en la página 34, hubo una cita que me hechizó instantáneamente. Me trasladó a una de esas locaciones álmicas en las que el cuerpo y los sentidos quedan menguados y en segundo plano, desde donde la luz no se percibe con la mirada, sino que quién se deleita en y ante ella es la consciencia, liviana como la brisa. Y ahora, no sin sorpresa, entiendo por qué la fuerza y la claridad de esa sensación. La cita es la siguiente: 

"Ningún pesimista descubrió jamas los secretos de las estrellas, ni navegó por mares ignotos, ni abrió nuevos paraísos para el espíritu"


   Quién lo escribió fue Helen Keller, de quién yo no sabía nada. Pero anoté su nombre, y al regresar a mi casa me puse a buscar algún pdf de ella. Encontré poco, lo cuál me desanimó bastante. Cuando descargué "Luz en mi oscuridad", iba a dejarlo para otro momento (ayer comencé a leer "Cementerio para lunáticos" de Bradbury y "La mitad siniestra" de Stephen King), pero lo abrí para echarle una ojeada. Fue entonces que casi lo abandono sin darle oportunidad; el prólogo lo presenta como un libro de pseudo auto-ayuda y religión monoteísta. Sin embargo, unos renglones después del final del breve prólogo, el hechizo de las palabras de ella cayó de nuevo sobre mi. 

   "Hans Christian Andersen, en uno de sus bellos cuentos, describe un jardín donde crecían árboles gigantescos en tiestos demasiado pequeños. Aunque sus raíces estaban cruelmente apretadas, los árboles se alzaron gallardamente al sol, lanzaron al espacio sus gloriosas ramas, prodigaron un tesoro de flores, y sus dorados frutos revivieron a fatigados mortales. A sus brazos hospitalarios vinieron las aves a cantar, y en sus corazones surgió para siempre un impulso de renovación y alegría. Por fin un día rompieron las heladas y duras cadenas que los confinaban y desplegaron sus poderosas raíces en la dulzura de la libertad."

   Y a partir de ahí no he podido abandonar su lectura hasta este momento, en el que me encuentro más o menos por la mitad y completamente decidida a terminarlo antes de irme a la cama. Pese a evocar en ese párrafo inicial lo que fue vislumbrado por vez primera en la mente de Andersen, era como si a través de la narrativa de Helen estuviera adentrándome en ese jardín, abrazando esos árboles y sintiendo en todo mi ser las vibraciones de las flores y del dulce trino de las aves. No siento ningún deseo de romper este encantamiento. 
   En el camino que recorrí de este libro, me detuve en primer lugar para descargar PDFS de Emanuel Swedenborg, a quien toma como referencia en múltiples ocasiones y de quién dice cosas muy hermosas e intrigantes. Y luego, para buscar información de ella misma, ya que hace mención de algo que me dejó pasmada: su condición de ciega y sordomuda. Parece ser que, a los 19 meses de edad, Helen contrajo una enfermedad cuya secuela fue la pérdida total de la visión y de la audición. Comprendí entonces esa forma en que se sienten sus palabras: se sienten con el alma porque ella misma utilizó su espíritu para interactuar con el mundo. 
   Sinceramente, me he emocionado casi hasta las lágrimas. Siento una enorme conmoción interior. Es decir, hubo una mujer que no debería tener mas que vagos recuerdos conscientes sobre ver y oir, que no podía hablar ni siquiera para pedir las cosas más elementales que pudiese necesitar. Y aún así, aprendió maneras para sortear sus infortunios y dejó un legado de amor y esperanza. Ella veía las cosas desde una perspectiva hermosa: 
   "En mi camino, erizado de obstáculos desalentadores, oigo voces animadoras que me susurran desde el reino espiritual. Ardo con el santo fervor que brota de las fuentes del Infinito. Me emociono con una música que vibra al unísono con el latir de Dios. Unida a soles y planetas por cordones invisibles, siento en mi alma la llama de la eternidad percibo el caer de lluvias etéreas en el aire cotidiano, soy consciente del esplendor que vincula todas las cosas de la tierra a las del cielo. Emparedada entre el silencio y la oscuridad, poseo la luz que centuplicará mi visión cuando la muerte me libere."

   Más allá de la emoción empática, no puedo casi aterrarme (en un buen sentido) ante un ser que sin poder oír, habla de la más sublime música; que sin poder ver, habla de la lluvia etérea y de esplendor. Dentro de sus muchas alabanzas hacia la naturaleza, las hay hacia las flores y hacia una mariposa. Ella decía disfrutar de estas cosas, incluso cuando no las percibía como nosotros. 
   Además de su enorme sensibilidad sensorial, su corazón rebosaba del amor mas dulce y tierno para sus allegados y para su prójimo. Su cariño por sus amigos se trasluce como agua clara en sus líneas. De seguro que cuantos la rodearon deben haber sido enormemente felices y benditos. 
   Personalmente me encuentro atravesando un momento en el que estoy dejando ir viejos paradigmas que me dañaban, y nuevos pensamientos están asentándose en mi, con sus correspondientes raíces en mi alma. Me encuentro pensando mucho en la libertad, en el amor y en el futuro. Y haber encontrado a esta mujer hermosa me hace ver cómo el futuro es inevitable pase lo que pase, que depende de uno mismo direccionarlo hacia donde desee, más allá de toda adversidad. Siento su energía volviendo insignificante cualquier limitación. Y siento al amor de mi vida, que desde dentro no hace más que pedirme que lo deje fluir, sanar, ser. De a poco voy encontrando la manera de ir abriéndole las puertas. Gracias, gracias, gracias <3 

5 comentarios:

  1. Metafóricamente todos tenemos guardada una "cajita" así, con los recuerdos esperando ese "mano de nieve" que acuda a liberarlos. Me alegro de que hoy tuvieras esa oportunidad de rescatar algunos y de encontrar esa autora que citas.
    Un abrazo en la tarde de este domingo que termina.

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  2. Hola Luz
    Bellos textos, buscaré también a Helen Keller de quien tampoco sé nada.
    Y es cuasi mágico como , en ocasiones, los hechos se van encadenado, o se van uniendo y todo de pronto tiene sentido.
    Me suceden estas secuencias a veces y siempre, aunque lo experimenté en diversas oportunidades, me asombran y caigo en el trillado "todo tiene que ver con todo", porque no encuentro otra manera de describirlo.
    ¡Enhorabuena por tus cambios!
    Un abrazo

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  3. Primera vez por acá. Me encantó esta entrada y la verdad, me dejaste llena de curiosidad y un nudo en la garganta con el relato e historia personal de Keller. Creo que más de uno vamos a googlearla! Por algo se empieza. Mil gracias.

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  4. Hola Luzbeth.
    También tu texto tan maravillosamente escrito me lleva a seguir y seguir leyendo porque pones el alma en él.
    Tampoco tenía conocimiento de Helen Keller. Atrae su vivir hacia dentro y me llama conocer más.
    También yo estoy "atravesando un momento en el que estoy dejando ir". Qué maravillosa es la vida.
    Te agradezco tu visita y un placer encontrarme contigo!
    Un abrazo.

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  5. Escribes muy bien muy de mi gusto...me asombra como alguien que escribe tanto pueda comentar solo con dos palabras
    abrazos a mi tierra y a vos

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